Tantas y tantas veces se ha escrito y discutido como algunos desechan aquello que para otros se puede transformar en su única posesión material, y con esto no me refiero solo a personas ricas y pobres, sino que a países del primer y tercer mundo también. Por supuesto todos entendemos a que se refiere, pero otra cosa es cuando un concepto es internalizado a través de una experiencia personal.

Dados los últimos acontecimientos, sobre todo en mi país donde previamente a la pandemia, hubo un estallido social provocado por años de asimetría entre la elite y los de abajo, que culminó en una chispa capaz de incendiar a toda la nación.

Nos dimos cuenta de cómo este jaguar latinoamericano, solo era una mona vestida de seda, mona capaz de seducir a otros habitantes de este continente, quienes creyeron en los cantos de sirena.

Durante tanto tiempo fuimos quienes vivíamos de la basura de otros, que el olor a putrefacción comenzó a ser insoportable y nos llevó a reaccionar.

Eso de que mi riqueza es la basura de otros, es un hábil manejo lingüístico, un eufemismo para decir que nosotros, los no nacidos en cuna de oro, no tenemos ni la más mínima posibilidad de tocar la riqueza de otros, teniendo que conformarnos con las migajas caídas de la mesa de unos pocos privilegiados.

Y como estábamos acostumbrados a un trato asimétrico, de nuevo nos dieron migajas para tranquilizarnos; que elegiríamos a un grupo de ciudadanos apolíticos para redactar la nueva constitución que sería el marco legal por el cual se regirían los destinos de nuestro país.

¿Apolíticos?

Los tildados de candidatos a constituyentes necesitaban solo unas miles de firmas para tener la opción de aparecer en las papeletas de votación. Claro que, si eran auspiciados por algún partido político, los inscritos en ese partido se consideraba como respaldando al candidato.

¿Apolíticos? ¡Ja, ja, ja¡

Además, al votar por un candidato a constituyente, no se vota por la persona, sino que por la lista a la cual pertenece y terminará siendo elegido el más votado de esa lista.

Además, es un sistema de votación, desde mi punto de vista retorcido, llamado D´Hont, donde las mayorías, no necesariamente ganan. Nombre respetable, mecanismo dudoso.

Además, juntaron las votaciones a constituyentes con las de alcaldes, las de concejales municipales y las de gobernantes. Son 4 papeletas, con más de un centenar de nombres y por supuesto, esto complica a una población no comprometida en política.

¿Un cambio radical a la desilusionante política nacional como nos repitieron una y otra vez en los últimos meses? Nos convencieron, pero nada cambia.

¡Nada cambia!

Las sirenas de siempre nos siguieron cantando, y lo peor de todo, es que las seguimos escuchando sin cuestionar la seductora melodía.

Por lo que parece, seguiremos siendo monas vestidas de seda atesorando la basura de quienes nos dominan a través de la ignorancia. Seguiremos siendo jaguares maullándole a nuestros amos.

Lo mejor de todo es que la basura ha aumentado y, por lo tanto, mi riqueza también.

¡Ja, ja, ja¡

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