Son un ferviente admirador de las verdades contenidas en los dichos populares, aunque a veces, como en esta, me invade un profundo sentimiento de duda.

Por supuesto mi duda no guarda relación con compromisos financieros contraídos con la banca, porque en ese caso, es de absoluta veracidad.

La duda surge cuando se trata de compromisos morales o deudas afectivas.

Aunque muchos dictadores han muerto en su ley, como Mussolini y su compañera Clara Petacci, fusilados por la resistencia italiana y posteriormente colgados en la plaza Loreto de Milán, mi dictador, y digo mi dictador, porque marcó de manera indeleble mi adolescencia y juventud, el general Augusto Pinochet, murió tranquilamente en una cama de hospital, acompañado de su familia.

¿Por qué?

Sencillo, porque los dictadores jamás han sido quienes han dictado. Es el poder económico tras de ellos, quien dicta las directrices, el mismo que no perdona deudas a terceros, pero se perdona a si mismo cualquier desfalco millonario. En algún futuro articulo me referiré a como a la señora Juanita del pequeño negocio de barrio, le cursan multas del infierno por no entregar la boleta correspondiente por la venta de un kilo de pan, mientras a multimillonarios sorprendidos infraganti en robos pseudo legales, los tribunales los castigan con clases de ética. Y no es chiste inventado, hace pocos meses fue un hecho real.

Hace ya un año y medio, en mi país, el descontento social se ha transformado en acciones concretas que de seguro cambiaran el desequilibrio extremo entre quienes tienen todo para vivir y quienes apenas tienen para sobrevivir.

Venimos de vivir un proceso eleccionario donde los de siempre pusieron todas sus fichas, y su dinero, en los vetustos personajes de siempre, y fueron derrotados por quienes apenas tuvieron tribuna en los medios oficiales, medios de propiedad de los mismos dueños del dinero. Los de siempre, aparecieron en los medios de comunicación masiva, cien veces más que los simples ciudadanos postulándose a un cargo en la asamblea constituyente. Mientras quienes nos tienen aburridos por su inoperancia social, tenían minutos para exponer las mentiras de siempre, mientras los simples ciudadanos, ni siquiera terminaban de decir su nombre. Acabamos de elegir a quienes tendrán que redactar la nueva constitución que reemplazará a aquella redactada en tiempos de dictadura, la que regirá los destinos de nuestro país durante las próximas décadas. Los llamados constituyentes, en su mayoría nunca tuvieron figuración política, por lo que esperamos todos, no estén contaminados por el egoísmo de quienes nos han regido hasta el momento.

El plazo para cambiar radicalmente la asimetría extrema entre clases parece estar llegando a su fin, pero la deuda social acumulada desde la llegada de los conquistadores hasta nuestros días, no se pagará jamás, permanecerá en la memoria de la historia.

Mi dictador nunca pagó y puede descansar en paz dentro de su ataúd… no creo.

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