El 30 de abril se celebró en México el Día del Niño. Un querido amigo, dueño de una librería, me comentaba que debido a la pandemia los pedidos online se multiplicaron, pero había una diferencia en la temática de los regalos para estas fechas: había subido la demanda de cuentos de “antiprincesas” incluso por sobre influencers, sagas muy populares o con series animadas.

Este fenómeno no sólo se replica en México, los libros ilustrados para niños con biografías de mujeres famosas se han hecho muy populares. Para ponernos en contexto, la Colección Otras Princesas surgió en 2015 versando sobre artistas y líderes de América Latina, escritos por Nadia Fink.

Fueron creadas por un par de editoriales argentinas y se comercializaron con mucho éxito como las “antiprincesas”. Según su autora, las niñas deberían tener más opciones: "Queríamos romper con el estereotipo de la mujer cuya belleza está basada en su aspecto externo y mostrar ejemplos de mujeres que tienen belleza interior". El éxito fue instantáneo.

En esos días la fuerza de las princesas de Frozen seguía de moda y empezaba una serie de películas live action de las princesas Disney. El surgimiento de estos libros eran una respuesta “anti-Barbie, anti-Disney”, y al año siguiente ve la luz en inglés “Cuentos de buenas noches para niñas rebeldes” (que a la fecha ya lleva 4 tomos) y se ha convertido en un libro muy popular en muchos colegios. La motivación era la misma, romper estereotipos y compartir historias de éxito de mujeres.

Entonces tenemos, por un lado, que se pone al alcance del público una recopilación de historias de mujeres con dibujitos y lenguaje sencillo, es un best seller que sigue de moda y dando lugar a más publicaciones del mismo estilo, con títulos cada vez más disruptivos. Pero hay algo que se está perdiendo de vista: al presentar estas historias como un cuento, a las biografías se les reviste de ficción.

Hay que recalcar que por razones de marketing y hacer “amigables” las historias se les da un tono más rosa al quitar deliberadamente temas polémicos como los suicidios o preferencias sexuales diferentes, dejando a fin de cuentas una historia de una mujer excepcional que consigue el éxito, con una trama lineal muy simple, linda y con final feliz.

En la práctica de narradora, he tenido conversaciones con niños que me comentan:

  • Usted es de donde viene la Frida ¿verdad? ¡Me encanta ese cuento!
  • Es que Frida (Kahlo) era bien pobre y triunfa ¡qué bonita princesa! Igual que la Cenicienta…
  • Mi mamá dice que las princesas son tontas…pero a mí me gusta Elsa de Frozen
  • ¿Por qué tenemos que oír siempre cuentos de niñas? Mejor del Goku o de Piratas

Y, claro, es ahí donde es muy importante la mediación para dejar claro que no son cuentos, que no es mentira, que la vida de esas mujeres reales no fue perfecta y no siempre tuvieron un final feliz. Pero esto, también, implica que el niño lea acompañado, para que alguien le denote las diferencias. Sería maravilloso que tenga una guía, pero lamentablemente en la práctica no ocurre tanto como nos gustaría.

De cualquier forma, creo que es más preocupante aun cuando son los padres y/o docentes quienes opinan que “esos cuentos” sí están buenos o son excelentes ejemplos para los pequeños, porque no tienen princesas ni dragones, pero ellos mismos no tienen claro que se trata de personas que existieron y transformaron su mundo.

Un error común a la hora de compartir estos textos es que no llegan a aterrizar con los niños la diferencia entre biografía y cuento. Para algunos niños la vida real de Violeta Parra o la Bella Durmiente quedan al mismo nivel, muchas veces se quedan con una idea equivocada creyendo que ambos son personajes ficticios.

En conclusión, las biografías no son cuentos y no deben tratarse como ficción.  Me parece excelente que las nuevas generaciones tengan nuevas historias, nuevos modelos a seguir, que tengan atributos como la tolerancia, la inclusión y el respeto al poder femenino. Pero sería ideal que también vengan de la literatura y respeten la línea entre biografía y cuento para evitar el disminuir la importancia de los aportes de esas mujeres que, por algo, son famosas o importantes.

Es imperante dejar de promover las etiquetas de “nuevas princesas” por razones de marketing y también respetar que la infancia tenga acceso a todo tipo de textos para que ellos mismos puedan elegir de acuerdo a sus preferencias. Pero sin un punto de comparación, será muy difícil poder formar lectores críticos o ávidos de nuevas tendencias.

Y usted estimado lector, ¿qué opina de esta moda?

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