El pasado 23 de abril, en el marco del día del libro, el Municipio de Panamá lanzó su plan municipal de lectura titulado “Mupa lee y escribe”. El proyecto busca incentivar a los ciudadanos a que ejerzan el derecho de leer, escribir y la comunicación oral, a través de una oferta variada de actividades en los 26 corregimientos del distrito capital. Nos parece que es una importante gestión de mediación entre la lectura, la comunidad y la acción cultural municipal.

Hace siete años, publicamos un trabajo donde reflexionamos sobre la necesidad de un plan municipal de lectura en las ciudades. Algunas de las interrogantes de aquel texto eran: ¿en qué medida la lectura permite la participación de la comunidad para ayudar a tomar conciencia de los problemas sociales y fomentar su sentido de pertenencia e identidad colectiva? ¿Cómo se vincula el servicio de una biblioteca municipal con los distintos sectores para el bienestar del ciudadano? ¿Cómo leer puede generar procesos de resocialización y prevención de la delincuencia en contextos muy vulnerables? ¿Cómo la lectura puede sensibilizar a la comunidad y reconstruir tejidos heridos a partir de la experiencia lectora y el encuentro con el imaginario?


Otras: ¿de qué manera la participación de los adolescentes en procesos de lectura puede ayudar en la construcción y fortalecimiento de su sentido de pertenencia en la comunidad? ¿Cómo la lectura puede ser un canal para que los jóvenes potencialicen su creatividad y expresen sus necesidades y preocupaciones? En una ciudad contaminada de ruido visualmente, ¿cómo podemos ser más inclusivos desde la lectura?

Todos los municipios deberían de tener un plan estratégico para promover la lectura. Por eso creemos que el Municipio de Panamá ha dado un paso significativo que deberían emular el resto de las alcaldías del país para dar respuestas a través de la gestión cultural.

Las respuestas a esas preguntas las encontramos cuando entendemos y reconocemos la lectura como un derecho y como una práctica sociocultural, y esto implica que la lectura está en todas partes e incide en la comunidad de múltiples modos, y que son las políticas culturales las que pueden mediar entre la cultura y la ciudadanía.

Cuando los gobiernos locales se preocupan en diseñar acciones y procesos que ayudan a organizar a la comunidad en torno a una relación de sentido, a construir una correspondencia con su cultura desde la lectura, la escritura y la oralidad, estos tres elementos se constituyen en un espacio mediador para resolver conflictos y construir ciudadanía, entre otras posibilidades.

La lectura, como práctica sociocultural, es un instrumento que permite visibilizar con otras miradas la ciudad y enfrentar malestares, como la exclusión social, o fomentar la creatividad y la recreación, la diversidad, la igualdad, la tolerancia y la construcción de ciudades más democráticas, sanas y que cuiden a sus habitantes. Las acciones que fomentan las prácticas de lectura permiten establecer una relación cultural con el desarrollo entendido como inclusión social.

La lectura es un canal para la edificación y la participación ciudadana en todos los espacios en los que se toman decisiones. Es soporte pedagógico que estimula la creatividad, y un ciudadano creativo es un sujeto con esperanzas y proyectos de vida, capaz de empoderarse de sus derechos y ser más participativo, con sentido de pertenencia. La lectura ayuda a visibilizar a poblaciones estigmatizadas en la ciudad y fortalece la cohesión social.

En una ciudad donde se promueve la lectura se fortalecen las nociones de solidaridad, empatía y cooperación, la articulación y la convocatoria interdisciplinaria de saberes. Un buen plan de lectura crea protocolos de actuación que permiten la colaboración de mediadores, gestores culturales y otros colaboradores que pueden ayudar para tener espacios de convivencia.

Entonces, desde las propuestas basadas en la lectura como práctica sociocultural; desde la elaboración de relaciones entre lectura y desarrollo; desde la mirada a las prácticas de lectura que involucren a niños, adolescentes, y adultos; desde la creación de procesos que posibiliten la participación ciudadana y empoderamiento social; desde un marco documental y diagnóstico que permita tener una idea de las necesidades de la población en términos de lectura y desarrollo cultural; desde la lectura como medio de inclusión e integración social; desde la lectura, la escritura y la oralidad como cruce de lenguajes y narrativas para la sensibilización y valoración de las ideas, creemos en un Panamá que lea para construir significados y sentidos.

Con acciones de promoción de lectura se puede rediseñar el sueño de ciudad que todos merecemos; se puede evaluar, reflexionar, dialogar y retroalimentar el valor de las cosas que realmente importan.

Desde la gestión cultural y las políticas de lectura, escritura y oralidad, se puede leer mejor la comunidad y escribir un relato donde sus habitantes puedan dialogar y pensar su futuro.

No es fácil en una ciudad hostil donde reina el tedio y la insensibilidad, pero los que creemos en los poderes del libro estamos condenados a ser tercos.