La cultura no solo es un espacio de consensos y acuerdos; también es un lugar de conflictos. En la medida en que tratemos esas tensiones desde la razón y la ética, separadas de la política partidista (que no de la ideología, que es otra cosa), podremos trabajar por el Panamá cultural que queremos. Un Panamá cultural que defendemos muchos artistas y mediadores. La cultura es la arena donde se libran las luchas y resistencias que permiten nuevas posibilidades.

La cultura también es el eje transversal de los poderes, porque es un componente del poder social. Autores como Michael Parenti sostienen que para entender por completo lo que es la cultura, tenemos que considerarla como parte del poder social. Históricamente, la cultura ha sido utilizada como instrumento de control social para adoctrinar y, por otro lado, como herramienta de emancipación. La cultura se manifiesta en todos los contextos y conflictos sociales. Es por eso que las instituciones de los Estados que administran procesos culturales, no escapan a estas tensiones.

Desde antes de la creación del Instituto Nacional de Cultura (Inac) en 1974 (institucionalmente la gestión cultural panameña es joven), el sector ha confrontado las tensiones y crisis sociales históricas en distintos contextos y ha sobrevivido, porque la cultura no es efímera y perenne como la política partidista que es transitoria; lo que prueba la omnisciencia del río de Heráclito en el caso de la vida cultural. Los gobiernos pasan, pero la cultura queda. Sin embargo, la buena gobernanza también deja hitos en la historia de la cultura.

En el año 1974, en el marco del programa de la Unesco y con Jaime Ingram como primer director del Inac, se publica un documento titulado “Política cultural de la República de Panamá”, pero no fue hasta diciembre de 1983, con el doctor Diógenes Cedeño Cenci a la cabeza del Inac, cuando se lleva a cabo el Primer Encuentro Nacional de Política Cultural. Una memoria de 539 páginas que compila las sugerencias de escritores, artistas, historiadores, antropólogos, filósofos, sociólogos, economistas, catedráticos, educadores, estudiantes y hasta obreros. Luego, en abril de 1999, bajo la dirección del doctor Jorge Delgado Castellanos, se celebra el Segundo Encuentro de Política Cultural. Esta vez se imprime un documento de apenas 54 páginas con el título “Lineamientos para una política cultural del Estado panameño”.

En el año 2008, la administración del Instituto Nacional de Cultura, a cargo del licenciado Anel Omar Rodríguez Barrera, revisó la política cultural vigente y el borrador de la Ley General de Cultura (que ya existía). Más adelante se vuelve a retomar el tema por la ciudadanía y el resto es historia. Una historia de articulaciones y desarticulaciones, de luchas y esfuerzos. La teoría de la política cultural panameña ha estado implícita desde 1974; el problema había sido insertarla en la agenda del Estado para que estuviera sentada en la mesa del Ejecutivo, y a la hora de tomar decisiones importantes fuera tomada en cuenta.

El 15 de agosto de 2019 es una fecha importante para la historia de la cultura. Con Carlos Aguilar como nuevo regente se crea el Ministerio de Cultura, mediante la Ley 11. Meses después, el 3 de noviembre de 2020 y en el marco de la pandemia de la Covid-19, se sanciona la Ley General de Cultura. Ha sido un momento contradictorio para la cultura. Por un lado, se abre el camino para una mejor gestión cultural y, por otro lado, se entorpece la gestión cultural con la crisis. El contexto de la pandemia desestabilizó al sector cultura a nivel mundial y nacional. La urgencia de reinventarse no fue fácil para todos. Tampoco para el nuevo ministerio que, sin dejar de reinventarse para no dejar de trabajar, también apoyó los programas de trazabilidad con su personal.

Todos somos ciudadanos, incluso los servidores públicos, porque también pagamos impuestos y tenemos los mismos derechos, por lo tanto, es nuestro deber cuidar de la cultura porque nos beneficiamos de ella, directa o indirectamente. Es difícil opinar, sin evitar tomar una postura. Por eso hemos querido defender la institucionalidad de la cultura. Estamos claros que las críticas no son contra el Ministerio de Cultura, es decir, la misma institución; sin embargo, también hemos escuchado voces acusadoras que corean que en la institución cultural no se hace nada. Esto es una falta a la verdad.

Desde el punto de vista de la institucionalidad, la palabra cultura ha sido casi invisible porque no existía una política cultural que visualizara sus logros. Que no es suficiente y hay mucho por hacer, cierto. Sin embargo, hoy existe un Ministerio de Cultura y una Ley General de Cultura que se ha logrado gracias al esfuerzo de muchas personas que, desde dentro y fuera de la institución, trabajaron para lograrlo. Pese a que la creación del Ministerio de Cultura es reciente, ya se pueden ver algunos logros.

Panamá siempre tuvo una política cultural tradicional implícita y tácita que sobrevivió, históricamente, en un escenario de tensiones gracias a sus protagonistas: artistas, gestores y servidores públicos nobles. Todos somos importantes para la cultura.