En uno de esos momentos en que uno abandona la practicidad del día a día y se deja llevar por los pensamientos no necesariamente posibles, me puse a meditar sobre mis sueños por cumplir. Obviamente no me refiero a esos mensajes oníricos con los que nuestro subconsciente pretende comunicarse con nuestro ser consiente, para llevarnos a sobrevolar imposibles sino a esas ideas locas que me gustaría realizar y algo de posibilidad tienen.

Sin tener claras las prioridades, me vinieron rápidamente a la mente, una moto todo terreno y una motorhome.

De niño, era mi papá quien me llevaba al colegio por las mañanas, y como no le agradaba mucho levantarse temprano, solía llegar atrasado hasta que tuvo la brillante idea de regalarme una moto a los 14 años, 4 años antes de tener la edad legal como para conducirla. El que me llevaran detenido, en promedio una vez al año, fue un costo menor, porque mi puntualidad, aunque no perfecta, mejoró sustancialmente y dejé de visitar la oficina de inspectoría con tanta frecuencia. El ser adolescente con medio de transporte propio me dio una gran libertad, la misma que ahora añoro. De adulto uno va adquiriendo gradualmente ciertas responsabilidades que van limitando libertades; trabajo, familia, esposa, ex esposa, impuestos… EL volver a tener una moto, sin duda me volvería a dar la oportunidad de respirar esos aires de libertad. No con la irresponsabilidad de aquellos años, claro que esta vez con casco, guantes y a una velocidad moderada. Ya no me interesa alcanzar rápidamente mi futuro, sino vivir mi presente a plenitud. La moto de pequeña cilindrada y de dos tiempos, histérica como ella sola, obligatoriamente ahora seria una mas grande, confortable y capaz de resistir tanto autopistas como caminos de tierra.

¿Y la motorhome?

Siempre he pensado que el dinero mejor invertido es el que se gasta en viajes. No necesariamente en un crucero o en un tour contratado, sino esos donde se tiene mayor contacto con los diferentes lugares visitados y con la gente. Debo reconocer que no tengo el dinero suficiente como para hoteles ni restaurantes todos los días y debo admitir también que lo el camping y dormir en el suelo se me hace cada vez mas difícil, por lo que una casa con motor y ruedas cumpliría con todas mis expectativas de movilidad, alojamiento, comida y baño ¿para qué más? Muy lejos de mis pensamientos están esas verdaderas mansiones con ruedas tan apetecidas por los norteamericanos. Con una simplecita me conformaría.

Es cierto, mis sueños de una moto y una motorhome parecen ser solo aspiraciones materiales, pero después de darle una segunda vuelta, me parece evidente el cómo son un medio para y no un fin en si mismas.

No quiero tener para tener, sino tener para hacer.

Mis sueños no son los de tener una colección de motos ni la casa rodante más lujosa, lo mío son sueños de movilidad; ver, sentir, oler, compartir otras realidades diferentes a las de mi día a día.

¿Y para qué?

Simplemente para estar presente en el mundo que me tocó vivir y no en el de mis sueños.

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