Puede denominársele numen, estro, arrebato, trance, iluminación, sublimación; pero, seguramente, nadie podría explicar taxativamente ¿Qué es la inspiración?

Una terrible incomprendida de la que se piensa como algo mágico que surge de la nada para abrir los caminos de la creatividad con un nivel de organización superior a lo que un humano, sin ella, podría lograr sumido en la empresa de inventar algo novedoso.

Hay quienes opinan que es un don, un estado espiritual alejado de la propia volición que, arrobamiento de por medio, permite alcanzar la apertura de todos los sentidos y una sabiduría súbita y sobre natural a la que el común de los mortales, jamás, tendrá alcance.

En búsqueda de una mayor claridad podemos visitar las páginas de la Odisea, a fin de dilucidar el origen etimológico del concepto, que significa, literalmente, "recibir el aliento". Sus orígenes se pueden trazar a los primeros albores del Helenismo.

Para los antiguos griegos la inspiración constituía una fuente alimentada de dos vertientes distintas. Por un lado, la preparación de un ritual para llegar a conectar con dicho estado y, por otro, la complicidad de un dios supremo que fungía de administrador de la capacidad de iluminación de un ser humano, siendo por tal, un regalo divino.

Aunque no siempre de acuerdo, Hesíodo y Homero parecen sellar una alianza tácita al defender esta tesis, basados en el arcaico mito del Oráculo de Delfos y las sibilas, quienes recibían directamente los humos y vapores celestiales en una caverna, lugar donde el culto a Apolo hacía más proclives a quienes la visitaban para realizar profecías de alta precisión.

Aunque la palabra inspiración tuvo un primigenio carácter místico se le fue relacionando, poco a poco, al quehacer artístico, más concreto, tangible y paladeable por la sociedad. Al hacerse material y requerir de un soporte que garantice su presencia, adquirió un matiz ceñido a la capacidad de producción del virtuoso en algún oficio, siendo las piezas u obras más acabadas asociadas a una mayor cantidad de inspiración.

Entonces, pareciera estamos caminando en círculos para llegar a un consenso. Y siempre será así, pues, la inspiración constituye un estado emocional subjetivo que permite el flujo creativo lo que, a todas luces, es único e irrepetible entre los individuos. Eso es, precisamente, lo que la erige con un halo mágico. Lo feble de mantener esa emoción, el proceso de construir con materiales al alcance de todos, pero obteniendo un resultado impar e imprevisible.

Efímera, fugaz, perecedera y frágil como una chispa, a veces irrepetible, aunque se le busque por todos los medios.

En mi experiencia personal debo confesar que su presencia es una mixtura entre la visión de Picasso, quien señaló: “La inspiración existe, pero tiene que encontrarte trabajando”, como un colofón de lo que significa la disciplina, el compromiso y una metodología; y que reviste la apertura de las ventanas sensoriales para experimentar con perspectivas y viajar a horizontes desconocidos.

Antes de correr una maratón, hay que entrenar debidamente y cuidar el cuerpo de acuerdo al nivel de exigencia deseado.

Pero el rigor, sin una dosis de fe, energía, newén o como quiérasele llamar, no produce más que de una forma mecánica y previsible.

El don espiritual, la exaltación de las cualidades humanas puestas al servicio de algo superior es el camino para sorprender y sorprenderse.

Mas, aquello tampoco resulta suficiente per se.

Hay que estar alerta, pues el germen de una idea, puede surgir del más recóndito sitio y en las circunstancias más inesperadas.

Ver brotar una semilla sembrada por las propias manos, el beso de la persona amada, contemplar la cordillera de Los Andes alumbrada por la tenue luz del atardecer, jugar con mi perro, sentarse frente al mar, ser espectador de las hazañas de un deportista de élite, salir a correr, una lectura, una caminata, una película, e incluso una pena de amor, todo puede ser fuente de inspiración y guiar la creatividad.

Tal vez hoy escribo esta columna con el objetivo de agradecer y de hacer catarsis.

Estas últimas semanas han sido tristes, oscuras, lóbregas y han tornado mi corazón en una nube de lluvia tormentosa. Pero el buscar mantener la mente ocupada y salir adelante para superar este torbellino afectivo transitorio me ha permitido componer varias canciones en menos de una semana, volver a tomar el pincel y pintar algunas acuarelas y, como no, escribir versos de los que me siento orgulloso.

Agradezco a todas las musas que se han ausentado por propia voluntad, ya que sin ellas no sería el artista que soy.

Eternamente agradecido.

Convocatoria cerrada 

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