Los teléfonos inteligentes, demasiadas veces tienen un C.I. superior al de sus dueños, esto claro, si es que existiese un C.I. cuantificable para los aparatos electrónicos.

Nos hemos vuelto esclavos de esa tecnología que supuestamente evoluciona para liberarnos, para darnos mas tiempo que podamos utilizar en otras cosas.

Si, nos ha liberado de tareas como la de memorizar teléfonos asociados a nombres, o preguntar una y otra vez para llegar a una dirección desconocida o hacer complejas sumas de más de 2 dígitos o concentrarnos en aspectos como la luz, la perspectiva y el encuadre antes de sacar una fotografía. Para cualquiera de esas tareas que mantenía nuestro cerebro activo, simplemente apretamos un par de botones, que ya ni siquiera se aprietan ni tampoco son botones, y listo, la magia se produce.

Todos nos hemos devuelto a casa en más de una ocasión, cuando por la mañana nos hemos percatado de nuestro pecado capital; haber olvidado el teléfono.

Teóricamente, al ser un dispositivo que ya ha alcanzado un nivel de complejidad en las tareas capaz de realizar, mayor al del primer computador utilizado para llevar al hombre a la luna, nos libera.

Es cierto, pareciera que tenemos más tiempo, tiempo utilizado en jugar video juegos del tipo shooter donde podemos dispararles a decenas de supuestos enemigos, o volvernos unos futbolistas de primer nivel, aunque no seamos capaces de correr mas de 50 metros sin quedar agotados o enriquecer nuestro acervo cultural viendo videos de unos escasos par de minutos en tic-toc o explotar nuestra veta literaria en no más de 280 caracteres que son el límite de twitter.

Mentira. Cada vez somos más tecnológicamente dependientes. Todos hemos visto a peatones caminando concentrados en su teléfono, levitando sobre el mundo terrenal de olores, sabores, texturas, para vivir en el universo paralelo de los efectos especiales generados por computador.

¿Dónde se ve mejor un paisaje? ¿En la vida real o en la pantalla del teléfono? Depende, por supuesto que depende de la resolución del teléfono.

¿Dónde se escucha mejor la música? ¿En un concierto en vivo o en los audífonos inalámbricos conectados vía bluetooth al teléfono? Depende, depende de la calidad de la señal y de nuestro equipo.

Para un tecnológico dependiente, las respuestas son obvias; por supuesto que en un teléfono no solo se puede ver un paisaje en colores rectificados por un filtro adecuado, sino que además podemos hacer un acercamiento para deleitarnos de los detalles. En la música podemos aislar y eliminar todos los sonidos parásitos para llegar a la pureza de una melodía.

Para un ser humano minusválido tecnológicamente, la realidad, la experiencia vital, esa que atañe a los cinco sentidos y más, logra despertar el sexto sentido del sentimiento como la tecnología no ha logrado hacerlo hasta ahora.

Tiempo al tiempo, nuestro sistema nervioso procesa la información en base a estímulos eléctricos y la tecnología gradualmente está logrando domar a esta bestia para amansarla y volverla a nuestro servicio, o será que nosotros estamos volviéndonos al servicio de la tecnología.

A mi teléfono lazarillo lo necesito, pero lamentablemente creo que algún día pueda morderme.

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