Al momento de empezar a desarrollarse en cualquier oficio uno suele, como tantos y tantos, pecar de ingenuo y pagar los costos (a veces altos) de no saber, aún, ser o hacer. Suele ser que, en primera instancia, termine volcando la mayor parte de la energía a consolidarse en lo técnico.

A medida que uno va avanzando, conociendo el área de desempeño y a sí mismo, puede adquirir una identidad propia que le permita saber si está logrando los objetivos y metas que se ha propuesto más allá de los resultados inmediatos y concretos. La visión integral y de largo plazo es imprescindible.

Una vez esto sucede, y según las ambiciones personales, se está en potestad de orientarse hacia dentro, observar el crecimiento espiritual, la propia misión, el crecimiento futuro y hacerse responsable en la influencia que puede tener en nóveles colegas.

El ideal sería, ante todo, poder escoger el modo más efectivo y eficaz de propalar y defender lo que uno ha cultivado con pasión, esmero y disciplina.

¿Docencia?, ¿Creación?, ¿Asesoría?, ¿Gestión?, ¿Investigación?, ¿Ejercicio?, ¿Talleres?, ¿Charlas?, ¿Formar una escuela?

Existen un sinfín de métodos para llevar a la realidad lo que uno se proponga, los que, respeto de por medio al oficio, con una dosis de talento adecuada, puede llevar a grandes alegrías.

Cuando se tiene la fortuna de encontrar, activa búsqueda previa, referentes y maestros en el área de interés, la cosa se hace más interesante. Somos seres gregarios y necesitamos los unos de los otros, para ser observados objetivamente, para comprender los propios errores y superarlos, para ser pulidos recibiendo enseñanza experiencial, vivencial y completar nuestras pericias. En fin, una alianza con otro ser humano será, casi siempre, fructífera y simbiótica.

Pero, más a menudo de lo que resulta deseable, la realidad dista de ser miel sobre hojuelas.

El lego, arriesgándose a quedar atrapado en situaciones poco nutritivas, carece las herramientas suficientes para evaluar si se ha encontrado con un maestro o con un mero charlatán, si, efectivamente, le están enseñando o solamente están sorbiendo el contenido de su billetera sin piedad, e, incluso, poder determinar si su talento realmente vale la pena, ante el elogio desmesurado y liviano.

Cabe estar muy atento y en control para no perderse entre los recovecos del ego y de la falta de crítica interna.

Por eso siempre pregunto a mis alumnos, independiente de lo que quieran aprender de mí, ¿Quién eres?, ¿Por qué quieres hacer esto?, ¿Por qué debiera enseñarte yo y no otra persona?, ¿Te ves haciendo esto en cinco o diez años más?

Las respuestas que he recibido me han deslumbrado.

Siempre lo hacen, pero cuando más me sorprenden es cuando las veo fluir, pensadas previamente, claras, lúcidas, sin rodeos. Eso quiere decir que hubo una reflexión previa y/o mucha decisión y fuerza de voluntad con respecto al motor de la propia conducta y las pulsiones necesarias para llevarla a cabo.

Es un deleite encontrar a un par que vibra en la misma frecuencia que uno. Motiva en varios niveles y uno entrega todo ante ese interés y compromiso incondicionales. Es una emoción tan fuerte y gratificante que comienza a ser necesaria. Uno busca esa energía en todas partes y la anhela, se transforma en una guía, pero también en un deseo.

Uno aprende a motivar a quienes le rodean, pero es sobremanera agradecido con aquellos que le motivan a seguir a adelante, a quienes le apoyan, a quienes muestran un genuino interés y, finalmente, son cómplices solícitos a la hora de hacerle a uno crecer.

Por eso es que uno aprende a no permitirse estar donde su trabajo no sea apreciado.

En todo ambiente uno encontrará a sujetos que creen que lo que uno hace es fácil, concluyendo erróneamente de que lo puede hacer cualquiera. Esas son las primeras personas de las cuales hay que alejarse, jamás se podrá hilvanar un diálogo coherente, o con sentido, con este tipo de individuos. También están los que antes de conocer lo que hace uno sugieren lo que uno “debiera” hacer, estos genios abundan, ¿Dónde están? Usualmente haciendo nada, pero criticándolo todo.

Hay muchos tipos de personalidad nocivos rondando por ahí, hay que estar despierto y no caer ante ellos, sobre todo en lo que son más encantadores e hipnóticos, aunque embusteros y embaucadores.

Porque, va a suceder una infinidad de veces, uno estará frente a pruebas, disfrazadas de personas, que le harán preguntarse si va en el camino correcto, si está dando lo mejor que puede, si se encuentra cómodo o, más importante aún, ¿Por qué estoy aquí, compartiendo mi pasión, con estas personas?

Será una inconmensurable alegría encontrar, surgiendo de lo más profundo de nuestra alma, respuestas positivas.

¿Qué si sucede lo contrario?

Ser honesto con uno mismo y los demás es la mejor estrategia. Las decisiones a tomar siempre ameritan una conversación con la almohada y un par de revisiones. En el fondo del corazón uno siente y sabe que está en el lugar adecuado, en el momento adecuado, rodeado de la gente adecuada; cuando lo está.

Si hay dudas, siempre será mejor buscar otra ruta.

Todos y cada uno de los días en que uno alce el pincel, cante una tonada, refiera un verso, improvise una décima, interprete algunas notas y acordes, narre un cuento, musicalice una película, debe responderse: quiero estar aquí.

De lo contrario, hay que ponerse a pensar. ¿Dónde me gustaría estar y por qué?

 

 

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