Lenguas

Escrito por Gabriel Huentemil el . Publicado en Columnas
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Tenía ganas de ir al Museo hace algunos días. Lo hice, recorriendo más de uno.
Aprendí bastante. Sobre sociedades, tribus, pueblos, razas, sus costumbres historias, religiones, mitología. No obstante, me fui con cierta desazón, faltaba desarrollo en aquello que más me interesaba: sus lenguas. Para mí, cultor de la palabra y músico, resultaba importantísimo escuchar una muestra del habla de cada uno de nuestros pueblos ancestrales, de ser posible.
Claro está que más de algún idioma o dialecto alguna vez presente en nuestro país puede haber desaparecido sin dejar registro fonográfico disponible, pero creo que pecamos de etnocentristas al no incluir la lengua propia del pueblo al que nos queremos acercar y comprender.
Y es que somos, en gran medida, lo que nuestra lengua nos permite expresar y construir. Para cualquiera que haya leído a los antiguos filósofos y psicólogos alemanes es claro que muchos de sus descubrimientos, muchos de ellos aún intraducibles, fueron posibles en gran medida gracias a que su idioma les permite uniones de conceptos inviables en otras latitudes donde había barreras a esa combinación.
He tenido oportunidad de escuchar la elegancia del acadio, la musicalidad del asirio, lo portentoso y señorial del egipcio antiguo, lo discursivo e impersonal del latín. En más de una ocasión, en más de un lugar.
¿Por qué me resulta tan difícil conocer las lenguas del territorio que habito?
Falta quechua, aymara, mapudungun, rapanui, e incluso revitalizar el, hoy considerado extinto, kunza.
Es un tema preocupante, National Geographic entregó datos conmovedores en el último Día de la lengua materna y las lenguas nativas. Se estima que para el año 2100 habrán conocido el desuso más de la mitad de los 6.000 idiomas que actualmente poseen hablantes nativos en el globo terráqueo y se estima que cada 14 días al menos un idioma es víctima del olvido producto de que fallece su último hablante natural.
En lo personal, debo hacerme cargo. Sé muy poco de la lengua que dio origen a mi apellido, la que carga mi herencia y misión en el mundo, el mapudungun. Puedo hablar fluidamente varios idiomas y otros tantos entenderlos aceptablemente a través de un medio escrito, sin embargo, en mapudungun es bastante poco lo que conozco.
A veces me sorprendo a mí mismo utilizando términos en inglés para los cuales hay una palabra que corresponde al 100% en español, con una sonoridad más hermosa y mucho más cercana. No quiero ser malentendido, el inglés es sumamente necesario. Las mejores y más reconocidas universidades, esas a las que las mentes más poderosas de nuestro mundo aspiran, imparten su educación exclusivamente en inglés. Y no es un secreto que las mismas se nutren de alumnos de los lugares más recónditos, previo TOEFL rendido.
El idioma es, a la vez que una gran herramienta, una gran barrera. Lo que me lleva a preguntarme, ¿Habrá el sistema educativo de vanguardia dejado fuera a quién tenía la cura para el cáncer?, ¿O el SIDA?, ¿El simple resfrío?, ¿El hambre?
Jamás lo sabremos, tal vez el genio detrás de tan trascendentales ideas tal ve no tuvieron un buen desempeño en una lengua extranjera y en una prueba que, aún con el avance de las tecnologías y la globalización, sigue siendo muy onerosa si se considera su valor monetario contra el costo de vida de la mayoría de los países en vías de desarrollo.
Los pueblos que conquistaron mundos bajo la dirección de grandes generales bien lo sabían, la mejor forma de doblegar a sus adversarios de forma irrebatible y la cual tomaban como una medida urgente era el imponer su idioma a los pueblos vencidos en la guerra.
El idioma es identidad, es pensamiento, es una forma de concebir la naturaleza, flora y fauna incluido. Es una forma de ser y estar en el mundo. Si pensamos en los refraneros, en la sabiduría popular, existen muchos “díceres”, proverbios y adagios relacionados con la palabra.
La Biblia misma postula que dijo Dios: Hágase la luz y la luz se hizo, que el Verbo se hizo carne, murió y volvió a la vida y ganamos la resurrección. Podemos o no ser creyentes, pero no dejará de ser curiosa la forma en que estos hechos (para algunos ficticios) fueron redactados y como han sido de influyentes en la Historia.
Hoy, cuando una necesaria discusión acerca del lenguaje inclusivo toma lugar, me parece que hemos orientado nuestro objetivo a una forma de inclusión e inclusividad que podría ser más amplia y efectiva, retomar y dar el lugar que merecen las lenguas madres que, más que nunca, requieren de comprensión y ahínco en ser revitalizadas o revalorizadas.
Dejo esta reflexión abierta, con el compromiso de aprender mapudungun a la brevedad.

 

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