Egocéntrico yo? No me importa

Escrito por Patricio Sancha el . Publicado en Columnas
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Uno de los motores más importantes para el desarrollo humano actual, sin duda ha sido la influencia del ego sobre el comportamiento de los individuos.
Lo hacemos de manera inconsciente; instintivamente buscamos una recompensa por nuestro actuar. Como el perro de Pavlov que salivaba al escuchar una campana y asociarla con la posibilidad de recibir comida, un premio, nosotros casi movemos la cola para recibir una recompensa.
Puede ser de cualquier índole, desde una recompensa económica a un simple palmoteo en la espalda, ese cariñito al ego, por insignificante que este sea, es lo que nos impulsa a ser.
De cierta forma el ego es nuestro patrón. Si se siente pleno, las posibilidades son infinitas. Por otro lado, en cambio, si se encuentra de alguna manera disminuido, esto puede llevarnos incluso a una depresión patológica capaz de inmovilizarnos.
Si a nosotros nos hace tan bien ¿por qué no acariciar el ego de un otro?
Ni hablar de nuestro círculo íntimo. Nunca debemos dejar de alimentar el ego, sobre todo de nuestros hijos, eso, está claro, sin transformarlos en unos sábelo todo insoportables, y como está claro, no son perfectos a pesar de que para nosotros lo sean, cualquier crítica o corrección de comportamiento, debe ser hecha con un cuidado extremo.
La eterna discusión con mi esposa es ¿hasta dónde está bien?
Hasta donde el amor lo defina e incluso, un poco más.
Ese dibujo de los papás, absolutamente desproporcionado y no muy sentador, siempre estará perfecto, lo que impulsará al niño a seguir en su inquietud creativa. Por otro lado, si lo corregimos al decirle que los arboles no son azules, que las manos tienen 5 dedos y que los perros no tienen alas, fácilmente podríamos estar frustrando su creatividad, primero artística y luego esa tan necesaria para la vida.
Es bien sabido; la diferencia entre los juguetes de un niño y los de un adulto solo es el precio. En asuntos de ego en cambio, nada cambia a lo largo de nuestras vidas.
Exagero, el ego de un adulto, por el solo hecho de haber existido más, puede estar desnutrido, en buen estado, o definitivamente obeso.
Como ningún extremo es bueno, el tener un ego bien alimentado, las más de las veces no dependerá de nosotros mismos, sino de las personas de nuestro entorno.
Salvo el tener una patología mental del tipo masoquismo o sadismo, siempre, insisto, siempre, debemos alejarnos de aquellas personas capaces de criticarlo todo y a todos, aun sin fundamentos válidos y, por otro lado, rodearnos de quienes de tanto en tanto nos regalen una palabra amable, un palmoteo en la espalda.
Nosotros mismos podemos ser insoportablemente críticos o agradablemente complacientes.
No se trata de ir en contra de nuestros principios y encontrar cualquier actuar como positivo, pero como sabemos que todo es perfectible, incluso el ser humano, tratemos de encontrar el lado positivo de las cosas para ir mejorando gradualmente todos juntos.
Eso es lo que yo creo y aunque me tilden de egocéntrico ¿quién en mayor o menor medida no lo es?
 

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