Un valor necesario

Escrito por Gabriel Huentemil el . Publicado en Columnas
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Luego de una reunión del Círculo de Narradores de Chile (CINOCH), conversábamos con mi querida amiga y madrina en el arte del contar historias; Loreto Russ, sobre varias cosas más allá del bien y el mal. Como siempre tratábamos de arreglar el mundo desde la palabra, que es el método que mejor conocemos. Y así, conversando y departiendo llegamos a una preocupación común: como ser un aporte real en el contexto social y cultural que nos ha tocado vivir.
Dedicarse a las artes es una tarea difícil de afrontar, la incertidumbre es lo único seguro y constante, hacerse un sueldo que permita vivir holgadamente requiere de gran esfuerzo y abrirse camino en un sitio donde existe tanta variedad de oferta y, en general, poco énfasis en la calidad de las propuestas genera tensión y reflexión profunda cuando el asunto se toma con seriedad. Hay, también, mucho cuestionamiento interno y auto-crítica cuando el proceso es bien llevado.
Por estas razones es que a veces uno siente que está solo ante un mundo hostil, poco hospitalario y de una levedad preocupante.
Me sucede con frecuencia, mucha más de la deseada, el sorprenderme a mí mismo cuestionando mucho de mi quehacer, de mi forma de enfrentarme al escenario y de ofrecer mis servicios; tanto en la calidad profesional como en la humana.
Luego de varias vueltas en este constructivo diálogo llegamos a una conclusión conjunta: falta honestidad en el medio artístico. Carecemos de una ética que regule la metodología de trabajo y el como pararse frente al mundo. Decepcionante resulta avistar una y otra vez el fenómeno del ego mal llevado. Ese ego que merma el crecimiento de aquella disciplina que queremos, justamente, profesionalizar.
Más allá de un mero trabajo, de una labor para devengar y poder satisfacer nuestras necesidades básicas de sobrevivencia como son el techo, el alimento y la vestimenta existe (o debiera existir, si se quiere) un rol social del cual hacerse responsable y que, idealmente, tendría que ser una prioridad a la hora de plantearse ante el mundo como un narrador.
Quienes somos sensibles y conscientes (un grupo bastante numeroso) obramos de acuerdo a ello, lamentablemente, no es así en todos los casos. No es primera vez que hago la observación de que en ocasiones tengo la sensación de que el disfraz y el jugar a ser lo-que-no-se-es se transforma en la directriz preponderante.
Necesitamos mucha más honestidad, nunca resulta suficiente.
Para alguien como yo, con una misión hace mucho tiempo asumida, cuesta entender como otros colegas venden su alma al diablo verde al que llamamos comúnmente dinero. Cambian su piel, su sonsonete y vestuario periódicamente en pos de conseguir mayor número de actuaciones remuneradas, lo que se entiende en una sociedad capitalista y de consumo como la nuestra, pero dejando de lado la moral y las costumbres de buena crianza. Allí es cuando se encienden las señales de alerta, al menos para mí.
Se me hace muy curioso que aquellos mismos que desdeñan durante todo el año mi trabajo como guitarronero, payador, defensor y revitalizador de tradiciones ancestrales; tengan tanta facilidad para ponerse un poncho, hablar cantado y fingir que saben de poesía popular justo en Septiembre, que es cuando más réditos monetarios se pueden obtener de la “chilenidad”.
Los mismos que en Agosto hacen globoflexia y pintacaritas, fuerzan voz de infante y usan coloridos atuendos para celebrar el día del niño y ya en Octubre preparan repertorio para el día de la raza, sin que exista hilo conductor en todo un trimestre.
¿Es que acaso su identidad tiene precio?, ¿Cuál es el eje aglutinante de estas diversas personalidades?
He pensado mucho al respecto y, la verdad, prefiero mantenerme distante a ciertos especímenes que buscan lo masivo (por el provecho monetario que hay detrás) sin tapujos al engaño, la omisión y el ocultar información a la audiencia. Quien quiera ser deshonesto, que lo sea, no haré Psicología al respecto; eso sí, pido no ser cuestionado por tratar de ser sincero, ni castigado por simplemente ser quien soy.
Creo que la honestidad es algo primordial, un valor necesario. 

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